Premios 2008
Y se entregaron los premios de la Fundación Corda para el estudio de la obra poética de David Rosenmann-Taub. En la categoría “Estudiantes de Maestría y Doctorado” el ganador fue Martín Centeno Rogers, de la Universidad de Chile que presentó el ensayo “Desolación, Muerte y Putrefacción ante la Desidia de Dios. Una lectura de Cortejo y Epinicio de David Rosenmann-Taub”.
El ganador descubrió al poeta en la universidad, en donde le llamó mucho la atención esta lírica que obligaba a una lectura atenta y ponía en evidencia la alta elaboración del lenguaje “en un estado de aparente opacidad que invitaba a realizar una lectura más sistemática para ingresar a ella. Por un lado están las imágenes que desde la sinestesia apelan al lector, y por otro, nos conmina a infligirle a los textos un sentido posible, utilizando el estilete de la interpretación. El concurso para premiar a los mejores ensayos fue un desafío que me permitió abordar su poesía en este último sentido, pudiendo dedicarle más tiempo a la obra”, dice Centeno.
1.- ¿Qué es lo que más llama la atención en ti de la poesía de Rosenmann-Taub?
El lenguaje y las imágenes que entrega. A ratos las palabras parecen piedras que hay que pulir o golpear para poder encontrar algún significado. En su obra hay un rescate de palabras arcaicas y usos lingüísticos que apelan diversos tiempos y momentos socioculturales. En el ensayo comparo la labor del crítico con la de un arqueólogo, desenterrando significados e intentando relacionar sus contextos. Esta riqueza, que tiene que ser descubierta, impone un desafío.. Esto lleva finalmente a la posibilidad de múltiples sentidos, o mejor dicho, a la imposibilidad de un solo sentido, lo que hace muy necesaria la lectura y discusión de visiones al respecto.
2.- ¿De qué trata tu trabajo?
El ensayo se trata de una lectura de la primera parte de Cortejo y Epinicio a través de dos ejes: la representación de un mundo desolado, donde hay putrefacción, muerte y dolor; y por otra parte una configuración de Dios como un sujeto apático, cuya desidia se articula y complementa explicativamente con lo propuesto como primer tema. Además hay una reflexión acerca del trabajo de la interpretación literaria y de la poesía, y la imposibilidad de fijar un sentido único, lo que en el caso de la obra de David Rosenmann-Taub se vuelve más complejo. El título (“Desolación, muerte y putrefacción ante la desidia de Dios. Una lectura de Cortejo y Epinicio de David Rosenmann-Taub”) es bastante literal y desarrolla la hipótesis de lectura desarrollada, tomando los principales tópicos abordados en cada una de las partes.
3.- ¿Cómo fue tu proceso de investigación: qué leíste, cómo te ordenaste, cuál fue tu universo?
Lo primero fue elegir un radio de acción, pues las posibilidades son múltiples: un tema en poemas de diversos libros, un libro, una comparación entre ediciones, un solo poema, etc., dándose una combinatoria bastante amplia de posibilidades para elaborar un ensayo. Este primer proceso es bastante caótico e implica una lectura de los textos buscando alguna clave que permita establecer un sentido para poder levantar una hipótesis o tema a desarrollar. Así, llegué a Cortejo y Epinicio, básicamente por las imágenes y las sensaciones que se transmiten en su primera parte. De este modo empecé a ordenar y sistematizar la lectura, relacionándolo con diversos elementos dentro de la obra. Luego leí algunos artículos que había al respecto y lo complementé con algunas lecturas desde la estética sobre la fealdad, el asco y la historia del arte.
4.- ¿Cuál es el poema que más te gusta?
De Cortejo y Epinicio, en “Sarcasmo”, el poema XXVII:
Dios se cambia de casa. En un coche de lujo
muy solícitamente guarda la estrellería
del sur. Echa en un saco el ángel principal:
la loza del ropaje afina el festival.
Cuán atareado se halla: por convencer a un brujo
de una residencial, de que la estantería
del juicio amamantó a la percha del mundo
-los grimorios ganzúan la absoluta palabra-
se le escapa la luz del carro de mudanza,
con primogenitura. (En la tierra, iracundo,
se queja un costurón.) Perpleja, la Balanza
redila los rebaños y la dilecta cabra
apacienta en la nada. Requiriendo espacio,
la vilhorra, en desquite, trisca una mejilla
de este Dios distraído que cierta vez nos hizo.
Los torpes serafines tropiezan en un rizo
de Lucifer. Los coros yacen con la vajilla.
Y así, entre trueno y trono se desarma el palacio.
Dios mete los edenes en unos cuantos tiestos,
y al fuego del infierno le aplican naftalina.
Los imanes neutrales en un baúl son puestos
junto a la senectud del alma y los anteojos
de Dios. El turbulento bergantín se encamina
por las olas del fárrago hacia la nueva casa.
Antes de abandonar el reino carcomido,
logrando repinarse sin que el polvo despierte,
Dios sube a la azotea a ver si, por olvido,
algo se le ha quedado: y aunque atisba y traspasa
los libres pasadizos, y baldean sus ojos
tejados y buhardas, se olvida de la muerte
y la vida que riñen en un rincón vacío.
Y Dios se va sin verlas, mas siente escalofrío.
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